Por una nariz

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Texto y fotos: Laura Vaillard

El hipódromo es un lugar característico de Buenos Aires. Con frecuencia pasamos por la puerta cuando salimos a andar en bicicleta o en auto por Libertador. También forma parte del folklore urbano con las carreras de caballos.

A pesar de esta “familiaridad” que tenemos con el hipódromo, cuántos efectivamente hemos entrado a presenciar una carrera o ¡a apostar! 

En mí caso, “este tradicional rincón de Buenos Aires”, representaba simplemente una historia, una locación.  Podía imaginarme cómo era por lo que había visto en series y películas, pero no tenía ni idea de cómo era realmente.

Por eso cuando vinieron mis primos de Córdoba con ganas de conocer el Hipódromo de San Isidro no dudé en acompañarlos. Tenía ganas de recorrerlo y respirar el ambiente de las apuestas.

Se trata de un predio enorme (148 hectáreas) y muy bien cuidado. Es propiedad del Jockey Club y tiene cerca de 80 años de historia ya que fue inaugurado el 8 de diciembre de 1935.

Según la página oficial, cuenta con una “pista de césped, apta para carreras más rápidas y vistosas, tiene 2.783 metros de extensión por 45 de ancho, y permite disputar pruebas de mil metros sin codo”. También tiene “una diagonal ofrece la opción de correr sin ninguna curva hasta mil cuatrocientos metros. La prolongación de la recta opuesta posibilita que se disputen carreras de 2.400 metros con un solo codo”.

Antes de que salgan a correr los caballos, los jockeys los sacan a dar unas vueltas y los espectadores pueden observar a estas joyas de la naturaleza muy de cerca: es impresionante ver como brillan sus pelajes y el sol acaricia y destaca cada sus de los músculos.

La carrera dura unos breves minutos, y los caballos tardan segundos en pasar frente a nuestras narices. Es un sentimiento muy fugaz que te deja un gran sentimiento de vacío. Uno espera horas hasta el momento de la carrera, y cuando por fin llega el momento, pasa todo en un instante. Por una nariz, el caballo en el que habías confiado queda destinado al olvido sin medalla ni gloria.

Es posible ver las carreras desde las gradas de afuera, o adentro donde también hay pantallas y se pueden seguir mejor las apuestas. Sin embargo, el denso aire del lugar contaminado con un fuerte olor a cigarrillo, lo convierten en un lugar poco amigable para familias.

Definitivamente no es mi ambiente, ni mi lugar en el mundo, pero fue una experiencia interesante. En esta oportunidad no apostamos, ni creo que lo haga, pero por lo menos ahora pude quitarle el velo a la mística de las renombradas carreras de caballos y el hipódromo.

 

Dónde está ubicado:

Av. Centenario, 675 – 1642 San Isidro, Gran Bs. As.

011 4742-4234

 

http://www.hipodromosanisidro.com/

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