Las Cocó Chanel argentinas

chanel1La historia de mis antecesores Vaillard-Esser es muy linda, llena de anécdotas y detalles históricos. Disfruto mucho cuando papá se sienta, generalmente los domingos por la tarde, a recordar los momentos de la infancia. Es casi como ver una película de época: me imagino cómo era la vida de esos alemanes que dejaron sus casas en Alsácia-Lorena al oeste de Alemania para aventurarse a vivir en Argentina y búsqueda de una vida mejor.

Fabrico imágenes de cómo llegaron a los terrenos espinosos de Santa Fe y fundaron los primeros pueblos de la provincia (ahora ya ciudades) como Humboldt y Esperanza. Según cuentan, el sueño americano que le habían vendido antes de embarcarse hacia Las Américas, no fue lo que compraron y cuando llegaron al Nuevo Continente tuvieron que trabajar arduamente para convertir las tierras salvajes en una de las zonas cosechables.

Mientras los hombres trabajaban las tierras, las mujeres de la familia Esser de Esperanza, se dedicaron a la alta costura. Es más, dicen que eran consideradas las Cocó Chanel de la zona y había mujeres que viajaban largos kilómetros para poder lucir sus creaciones.

En el 180° aniversario del nacimiento de Cocó Chanel, me pareció oportuno compartir con ustedes el relato de Norma Montalbetti Esser que cuenta cómo era la vida de estas mujeres que escribieron la historia de la moda de un pueblo de Santa Fe, Argentina.

Hacia finales del siglo XIX, Cocó Chanel, se convirtió en la guía de las mujeres del siglo XX,   sepultó el estilo del siglo anterior y vistió a una generación de mujeres más libres, con su enjambre de ideas creativas. Con su personalidad agresiva, intolerante, criticona y genial marcó el estilo que influenció a las “chicas Esser”, en su manera de vestir, de trabajar y de vivir.

Leyenda y verdad es la apasionada historia de esta mujer adicta al trabajo, quien diseñó el sobrio traje chaqueta que vistieron Greta Garbo, Marlene Dietrich y Jackie Kennedy. Con este mismo modelo fue enterrada en 1971, tras haber vivido 88 años proyectándose a las mujeres del mundo occidental.

La moda es frívola, pero también seria; pasa veloz, pero permanece como signo indeleble de los cambios históricos. Así, ver cómo se vestía una mujer es un buen barómetro para calcular el grado de libertad que le era permitido en su época: mientras en la Comuna de París ellas llevaban pantalones, las victorianas se asfixiaban bajo el corsé.

Cocó y las mujeres sabían esto y buscaron devolver a sus cuerpos libertad, aquellos cuerpos que sudaban bajo las puntillas, los corsés, los forros, los rellenos.  Todas entraban en la adolescencia cosiendo, su propio ajuar como era costumbre. A principios del 1900 toda muchacha tenía el pelo largo, pero luego cortárselo fue una muestra de independencia. El cabello de las chicas Esser concidía con el garzón de la Chanel. Además, si bien es cierto que recibieron ayuda, todo encaja en una estrategia general de independencia.  El dinero es el dinero, y sin él, las mujeres se ven obligadas a depender de un marido, pensaba Cocó. Y las mujeres de su tiempo comenzaron a sentir lo mismo.

Con la guerra las telas escaseaban, pero Chanel sabía nadar con agilidad en el mar de la pobreza.  Por su origen conocia la confección sencilla y la estética de lo que hoy llamaríamos “al natural”. Con esa herencia se lanzó a modificar una moda asentada en el lujo, el artificio y la incomodidad.   Respetaba los colores tierra, un tanto oscuros, que tomaba de la naturaleza, para dar un corte casi monacal a las prendas.

Proponía el jersey, el pelo corto, subía la medida de las faldas y cambiaba las pieles lujosas y escasas por la piel de conejo. Cuando terminó la guerra, había logrado imponer su ascetismo y su estilo.  A Cocó Chanel se le debe la creación del sport, el jersey, el pantalón,  el famoso “vestidito negro” inspirado en el uniforme de las criadas, las faldas sin vuelo y los cuellos blancos.  

Decía Cocó: “He dicho que el negro va con todo. El blanco también. Son una belleza absoluta. Su armonía es perfecta. Colóquese mujeres vestidas de blanco o de negro en un baile: sólo se las verá a ellas“.  Vistió a un nuevo sector: las mujeres ocupadas, las que comenzaban a trabajar de forma independiente. El mundo estaba cambiando y las ricas ociosas de otros tiempos habían quedado atrás. Para entonces, ya proclama una cierta idea de la belleza espiritual bien alejada  de las cirugías de nuestra época : “La belleza dura, lo bonito pasa“- sentenciaba. En cierta ocasión, dijo: “Me gusta ir cargada de joyas porque, sobre mí, siempre parecen falsas“. De esta misma forma, las mujeres Esser, aunque sin riquezas sobre sus cuerpos, siempre fueron joyas.

Estas mujeres que nos forjaron, fueron perennes reflejos de esta parisina. Aunque cada una soñara con ser Cocó Chanel, estaban orgullosas de ser “las chicas Esser”, las mujeres mejor vestidas del pueblo santafecino, las que seguían el estilo Chanel.

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