El caballito de totora, el papá del surf

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Caballito de Totora

Hay invenciones cuyos orígenes certeros desconocemos, pero que vemos a diario. Ese es el caso de la tabla de surf. Cualquiera que oyera hablar de ella pensaría inmediatamente que procede de las islas ubicadas en medio del océano Pacífico y no estaría equivocado, pero los que pocos saben es que tiene un antecesor milenario.

A unos 600 kilómetros al norte de Lima, en las costas de la región La Libertad en los años 100 D.C y antes de los Incas, se desarrolló la cultura Mochica. Sus más grandes logros fueron la elaboración de vasijas (huacos) con rostros humanos muy reales (hoy les dirían fotos en 3D) y la construcción de grandes templos de barro, como es la llamada Huaca de la Luna, considerada como la Capilla Sixtina Precolombina por la gran cantidad de altorrelieves y dibujos de sus muros donde se plasman hechos relevantes  que acaecieron en aquella época. Gracias a estas imágenes (y a las que aparecen en los huacos) es que podemos constatar el uso de los caballitos de totora.

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¿Pero qué son estos artefactos? Son pequeños botes unipersonales  fabricados con totora, una especie de junco que curiosamente sólo crece en Perú y Egipto en lagunas de agua dulce. El mismo es entrelazado y amarrado hasta darle su forma final. Según la leyenda el imperio moche fue fundado por Takaymano, quien llegó de las aguas montado en su caballito de totora. Éstos eran mayormente empleados por pescadores, pero también hay relatos recogidos por los cronistas en los que se señala que en este tipo de embarcaciones, pero más grandes, el inca Tupac Yupanqui llegó hasta Polinesia junto a su ejército.


El manejo del caballito de totora es similar al de las tablas hawaianas, a excepción del remo que se emplea para impulsarse porque estas pequeñas naves pueden llegar a pesar hasta unos 70 kilos (y soportar unos 200 kilos de carga)
por lo que uno puede imaginar el enorme esfuerzo físico de sus usuarios. caballito de totora. Éstos eran mayormente empleados por pescadores, pero también hay relatos recogidos por los cronistas en los que se señala que en este tipo de embarcaciones, pero más grandes, el inca Tupac Yupanqui llegó hasta Polinesia junto a su ejército.

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Surf en Peru 5En 1937, Carlos Dogny Larco, quien residía en Estados Unidos, regresa al Perú huyendo de los ecos de la Segunda Guerra Mundial. Durante su estadía en Hawai es que conoció el surf y aprendió a correr olas con Duke Kahanamoku, el Gran Kahuna. En esa época, le tomó tal aprecio a este deporte que entre sus cosas trajo una enorme tabla de madera unos 80 kilos y 4 metros de largo.  En Lima, la única capital sudamericana bañada por el mar, retomó esta actividad, los jóvenes de aquella época que lo veían desde los malecones hablaban de “un hombre que caminaba sobre las aguas como Jesucristo” y otros más audaces dijeron se trataba un extraterrestre. Durante las primeras entrevistas que dio a la prensa se refirió al instrumento que usaba como “tabla hawaiana”. A partir de entonces el interés por el surf en el Perú fue exponencial, tanto que Dogny se animó a fundar el club Waikiki en el distrito de Miraflores y otro en Biarritz (Francia).

En 1992 la señora Inés Aljovín, que residía en el balneario de Punta Hermosa  (a unos 50 kilómetros al sur de Lima) le pidió a Roberto Meza que le enseñara a surfear a su pequeña hija, Sofía Mulanovich. Este fue el origen de Olas, la más antigua escuela de tabla en Latino américa. Pero esto no queda ahí: en 2004 Sofía, se corona campeona mundial femenina y se mantiene entre las cinco surfistas más destacadas durante una década. Es así que se inicia una nueva era en lo que respecta a este deporte en el Perú que comienza a producir varios campeones sudamericanos, latinoamericanos y hasta obtiene campeonatos mundiales por equipos (2010 y 2012). Esto ha llevado a una atípica y enconada rivalidad (como los hinchas del Boca y el River) entre el team incaico y el australiano.

Cuando uno pasea por las costas de Lima puede ver a cualquier hora del día a cientos de jovencitos practicando tabla con entusiasmo al lado de sus profesores, todos aspiran a ser como Sofía. El clima templado de la capital peruana y la altura exacta de las olas permite que se pueda surfear a lo largo del año. El estrato social tampoco importa, Analí Gómez, señalada como la Virreina del Surf, es hija de pescadores  y se ha coronado como campeona latinoamericana y algunas las estrellas consagradas han impulsado la creación de escuelas donde enseñan este deporte a los más pequeños para que escapen del pandillaje.

Algunos dicen que esa empatía que los peruanos sienten por el mar está en el ADN heredado de los mochicas y que no es casualidad que cerca a donde se establecieron existe aún la ola izquierda más larga del mundo, en Chicama. Quizás la única manera de saberlo es visitando aquellos lugares en donde aún se usan los caballitos de totora.

Escrito por: Jesús Miguel Astorga Castro (Lima, Perú)

Fuente de fotos: suministradas por el mismo autor

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