Slovenia: ¿el país donde casarse es un hobby?

Ante todo, propongo un brindis por aquellos seres humanos que logran hablar esloveno como la gente porque por DIOS, ¡este idioma es por poco equivalente a aprender astro-física o algo por el estilo!

Tanto mi familia materna como paterna son de origen esloveno y emigraron a la Argentina entre 1946 y 1960. Por eso escucho el idioma desde que nací: mis abuelos lo hablaban, mis papás lo hablan, mis tíos lo hablan, algunos de mis primos lo hablan. En fin. Mucha gente de mi entorno se desenvuelve sin problemas en este idioma y, dado mi contacto con esta cultura, es de esperarse que yo también domine esta bella lengua. Pero bueno, no, lamentablemente no es el caso. Y lo admito a riesgo de ser desheredada.

En realidad siempre lo entendí bien y manejé un vocabulario básico, muy útil para destacarme en Buenos Aires y para completar media línea de currículum pero, luego de mi viaje, vi que no era del todo suficiente para vivir un mes en este país con una superficie menor que la provincia de Tucumán, al norte de Argentina.

Desde ya comparto que, por esta ocasión, el “dual” no estaba ni en mis más remotos planes. ¿Qué es esto? El idioma esloveno es el único occidental que no sólo posee las mismas personas que el español (yo, tú, él…), sino que, aparte de estas, cuando se trata de dos personas utilizan una persona adicional (midva, vidva, midve) y cambia la terminación si son dos hombres o dos mujeres u hombre más mujer.

Creo que más que nada por cuestión de supervivencia, opté por armarme un Top 10 de frases de cabecera que me ayudaban a sacar temas de conversación. A saber:

  • imaš velika/lepa hisa (tenés una casa grande/linda – en realidad se lo decía a todos, porque –en serio- es cierto)
  • imaš/imamo velika/lepa druzina (tenés/tenemos una familia grande /linda)
  • Slovenija je cudovita (Slovenija es hermosa)
  • imamo sonce! 🙂 / nimamo sonce 😦 (tenemos sol/no tenemos sol – este es mi comienzo para charlas meteorológicas)
  • sem šla v Irska, Skotsko, Velike Britanja, Cesko, Madzarska, Dunaj in potem v Maribor (estuve en Irlanda, Escocia…)
  • Potrebuješ pomoč? (¿necesitás ayuda?)
  • Sem zelo (zelo, zelo) vesela (estoy muy contenta)
  • Slovensko je zelo tesko! (el esloveno es muy difícil!)
  • Ona mi je rekla (ella me dijo…)
  • če ti govoriš počasi, jaz razumem ampak govorim malo -y cara de “¡ay, qué cosa!”- (si hablás despacio te entiendo ¡aunque hablo poco!)

Por más que con el correr de las semanas fui mejorando, también desarrollé algunas habilidades para disimular que hablaba esloveno (aunque debo admitir que sólo funciona con english speakers). La técnica consistía en hablar en inglés pero terminar las frases con palabras en esloveno. Por ejemplo: “yes, she´s been there, TUDI” (“tudi” quiere decir “también” y en este caso es el reemplazo del “too”). O intercambiando el verb to be: “yes, she je in Argentina”.

También funcionaba con el “ampak” en vez del “but” o el “potem” en vez del “later”. En fin. Simplemente mezclaba las palabras: “ja, ona je “so” vesela”. De más está decir que esto carece de toda credibilidad pero era una manera de reírme de mi misma en este intento por mejorar mi idioma ancestral.

Hace unos cinco años tomé un curso de esloveno con mi hermana y lamento haber olvidado el 70%. Aunque por suerte logré retener algunas cosas:

  • los številke (números).
  • la frase “kje so moje copate?” (donde estan mis pantuflas?) Viene de un poema que nos hizo recitar la profesora. De ahí me quedó que “kje” es “donde” y voy reemplazando el “copate” (se lee tsopate) por nombres de personas.

Hablando de eso, no lo dije hasta ahora, pero esto de que haya que sacarse los zapatos en cada casa me parece la mejor idea del mundo. En Brighton (Inglaterra), Londres (Reino Unido) y Vienna (Austria) me pasó lo mismo. No sólo es comodísimo, sino que también es muy higiénico y siempre alguna ocasión amerita tirarse al piso por el simple placer de hacerlo. ¡Abajo los zapatos, todos en pantuflas!

Otra cosa que también me llamó la atención es que cuando hablan hacen una alevosa diferencia entre la č la š y la ž. “¿Cómo se pronuncia Yesica? “česika (chesica)?”, “šesika (shesica)?” ali (ó) “žesika (djesica)?” Les preocupa saber cuál es la más exacta y me hicieron a mí misma rever mi pronunciación (iba por la calle repitiendo mi nombre como una loca). De hecho, pienso que si un esloveno se mudara a Argentina se pondría muy nervioso escuchando que pronunciamos todo igual.

Por último, casi vuelvo a Buenos Aires pensando que los eslovenos tienen por hobby, nada más y nada menos, que el casamiento. En todo momento querían presentarme algún chico local y continuamente me preguntaban si me iba a quedar para casarme allá. Mi respuesta era siempre la misma: “”neeeeeeeeee, poročila neeeeeeee, nočem, imam čas!” (“nooo, casarme no, no quiero, tengo tiempo”).

No sé si quedé un poco traumada con el tema o qué, que mientras miraba el noticiero con mi tío, escuchaba que el periodista pronunciaba “poročila” cada tres palabras y pensé “¡Por Dios, esta gente está en serio obsesionada con el matrimonio!” No obstante, mi mejor amigo, el Google Translator, me aclaró que “poročila” también quiere decir “información”. Así que todo tuvo sentido otra vez.

Aunque luego de unas semanas mis habilidades lingüísticas mejoraron notablemente, lo cierto es que tampoco terminó resultando de lo más imprescindible porque los paisajes de Slovenija, de por sí, me dejaron sin palabras.

Tuve la suerte de conocer un poco de cada región. Me gustó especialmente Bohinj, en la zona de Gorenjska. Definitivamente lo recomiendo. De todas maneras, todo el país es bellísimo y me siento muy afortunada en haber podido recorrerlo.

Slovenija tiene todo: paisajes imponentes, comidas espectaculares (inevitable volverse más cachetón), estímulos para aprender deportes, idiomas y artes y algo que me sorprendió muchísimo y por lo que mi argentinidad todavía sigue atónita: una brecha social casi mínima. La mayoría tiene su jardín, su huerta, su casa bella y para eso no es necesario vivir encerrado ni tener demasía de dinero.

Por ejemplo, fui a esquiar gratis porque son los vecinos los que cuidan las pistas y están abiertas a todos. Hay un amor enorme por el lugar donde viven. Para mí es un honor que mis raíces se encuentran en un lugar tan increíble como Slovenija.

Por: Yesica Brumec (Buenos Aires, Argentina)

 
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